Pues la historia de mi vida, como la de la de muchos como
yo, no es la mejor. Hija de un hogar disfuncional, criada por una mamá soltera
que apenas tenía tiempo para dormir. La mayoría de los años de mi
infancia-adolescencia la pase sola, en una casa donde solo estaba yo, no
hermanos, no nada. Al no tener imágenes paternas presentes o en el caso de mi
papá, visibles, desarrolle un montón de miedos, complejos, inseguridades y un
gran rechazo hacia mi misma y hacia mi existencia. Crecí pensando que era una
carga para mi mamá porque si yo no hubiese estado todo habría sido más fácil para
ella, y con odio hacia mi papá por abandonarme y darle a mi media hermana todo
lo que a mí no.
Empecé a desarrollar relaciones interpersonales dañinas y
extremas, buscaba en los demás la atención y contención que necesitaba, era
capaz de hacer cualquier cosa con tal de no estar sola, pero a pesar de todos
mis intentos la gente me seguía rechazando, por los métodos que usaba para
conseguir aquellas cosas que me hacían falta.
Siempre destaque académicamente, pensaba que así alguien me
notaria, pero no, nada cambio. Crecí y el odio hacia mi misma fue cada vez más
grande y lo dañino de mis relaciones también. Me vi envuelta en una relación amorosa
donde me perdí por completo, en aquella persona podía llenar todos mis vacíos y
carencias, pero cargar con el y además conmigo fue mas pesado de lo que él podía
soportar eso termino por transformarlo en una persona totalmente diferente a la
que conocí y al ser incapaz de ayudarme a calmar mi incesante sufrimiento, decidió
alejarse. Hay que entender que las personas tienen que batallar con sus propios
demonios como para mas encima hacerse cargo de los nuestros, eso muchas veces
no lo vemos y los culpamos por todo.
Al volver a mi soledad cotidiana, al estar cerca de salir de
4to medio y al no tener idea que hacer con mi vida, mi desesperación y odio por
la vida creció tanto que solo quería terminar con ella, así que intente suicidarme,
mis constantes crisis de pánico e histeria me tenían exhausta solo quería
descansar, recordarlo aún me duele, me duele el daño que le provoque a la
persona que ha dado todo por mi, mi mama, ella no merecía pasar por eso pero yo
era incapaz de pensar en otra persona que no fuera yo.
El fallar en mi intento solo me hizo llegar a mi limite, dormía
todo el día para no tener que vivir, abusaba de medicamentos que me ayudaran en
eso, y así paso mucho tiempo, pero esa pequeña esperanza de que todo se
solucione que siempre estuvo en mi, hizo que decidiera empezar de nuevo. Comencé
a estudiar, saque una carrera, comencé una relación nueva, conseguí un trabajo,
todo parecía ir bien, pero la verdad es que todo aún estaba ahí, mis crisis,
mis miedos, mis vacíos, mis necesidades sin llenar. Todo exploto nuevamente, no
podía desempeñarme como todos me sentía fracasada porque las emociones me
dominaban de tal manera que no podía llevar una vida “normal”, no dormía para
que el mañana no llegara tan rápido, no quería salir de mi casa me sentía mal
al ver a las personas hacer lo que yo no podía, enfrentar el día a día y salir
victorioso de ello.
Renuncie a todo y me encerré en mi casa, sin sueños, ni
metas, no había nada, solo un gran vacío en mi interior que ya no desaparecía
con nada. Nunca me volví adicta a las drogas o al alcohol, tampoco me entregue
a la “vida loca” todo eso me daba miedo, porque en el fondo no quería empeorar,
quería mejorar, quería saber que tenía, porque sabía que había algo en mi, que
no era solo “show y drama”.
Hasta que una vez mas volví a tocar fondo, mi segundo
intento desesperado porque alguien me salvara, pero después de tantas veces
acudir a lo mismo, ya ni mis papas le daban mucha importancia, pero decidieron
pensar en mi, costo, costo que se dieran cuenta que su hija necesitaba ayuda
pero ya veían la muerte tan cerca de mi que no les quedo otra opción. Me
internaron en una clínica psiquiátrica con la fe de que cuando saliera de ahí yo
estaría “sana”.
Pase por muchos diagnósticos antes de llegar al trastorno límite
de la personalidad, tuve tratamientos desde la depresión hasta la epilepsia, pero
nada detenía mis síntomas y mis anhelos de no seguir en este mundo. Cuando me
explicaron que tenia TLP y de que se trataba todo, sentí una calma en mi
interior enorme, por fin alguien me decía porque me sentía así, que no estaba
inventando nada, que mi dolor era real, ahora todo tenía sentido, al comprender
porque me sentía de esa forma de a poco las ganas de querer vivir y poder ser
feliz nacieron. Pero no sería fácil, nada que de verdad valga la pena es fácil.
Ha sido un camino demasiado largo, más largo de lo que pensé
que seria y la verdad lo único que nunca perdí fue la constancia, yo quería
mejorar, en el fondo quería, aunque muchas veces quise huir, abandonar todo lo
que había avanzado, que todo se detuviera de una vez me sentía demasiado
cansada para seguir. Estaba tan estigmatizada que no podía tener una vida
normal aunque quisiera y eso hacía que mis fuerzas se agotaran. Muchas veces sentía
que iba a terapia y nada cambiaba, seguía sintiéndome igual y es que me costó
lograr entender que el cambio lo tenía que hacer yo, no las personas a mi
alrededor, yo tenía que empezar a ver el panorama completo, no desde el lado de
ser solo la víctima, porque si puede que seamos victimas del trastorno pero más
somos víctimas de nosotros mismos. Es como si una parte de mi le gustara estar
mal, y la verdad es que era miedo, estar mal y mi dolor era todo lo que conocía,
¿Que podría ser de mi vida sin eso? ¿Cómo podría seguir siendo yo luego de
eliminar mi parte “malvada”? Lo peor de mi de una u otra forma se aferraba con
fuerza.
4 años han pasado desde que decidí tratar de ser feliz y
luego de 4 largos años de lucha y de tratamiento puedo decir que yo soy más
fuerte que el trastorno, tengo claro que en cualquier momento puedo caer,
luchar contra esto es una guerra que nunca terminara pero siempre he ganado las
batallas ¿Porque perdería la que viene? Día a día no solo debo luchar contra mi
misma, si no además con toda esa sociedad que esta allá fuera que no está
preparada para entendernos, mis padres nunca lo han hecho, pero no hay que
generalizar, han aparecido maravillosas personas en mi vida que me quieren y
aceptan como soy, para ellos no soy una “enferma mental” solo soy yo, sin
apellidos detrás. Una persona demasiado emotiva que llora hasta con los
comerciales, una persona que se fue al otro limite, raro no? que ahora empatiza
con todo lo que tenga vida, una persona que solo le importa si las personas son
felices haciendo lo que hacen, y es que aun envidio un poco a aquellos que
tienen sueños y metas por cumplir, porque aún no aparece aquella razón que me
haga sentir autorealizada, dependo de muchas personas para ser feliz, pero por lo menos lo soy, que es más de lo
que creí que seria. Solo me aferre a esa pequeña parte de mí que quiso creer
que era posible, que le dijeron créele a los resultados, resultados que a
simple vista no era capaz de ver pero al parecer muchos a mi alrededor si.
Sé que tendré que convivir con esto toda mi vida, sé que será
difícil poder llevar una vida “normal”. Pero también sé que no hay normas
establecidas, puedo vivir como quiera, como mejor pueda. Y eso no solo lo puedo
por tener una condición diferente, puedo porque todos pueden. Solo hay que
dejar de escucha esa parte de ti que dice que eres lo peor y que no mereces
nada, según yo no merecía que me amaran, no merecía ser feliz, no merecía
vivir. Pero la verdad es que todos merecemos mucho, merecemos todo lo bueno, y
creer que eso es así fue una de las cosas que más me costó, porque la primera
persona en discriminarme, en enjuiciarme y en no aceptarme era yo misma, yo que
quería cambiar todo de mi porque creía que solo así todo terminaría. Yo creía que
todo lo que hacía estaba mal, y que fracasaría siempre porque mis emociones
nunca dejarían de dominarme, yo que estaba acostumbrada a fingir para que los demás
no vieran mi inestabilidad y vulnerabilidad. Pero aprendí que está bien sentirse
mal, está bien que en algún momento pueda volver a colapsar, lo que no está
bien es no hacer nada al respecto, lo que no está bien es no aprender nada y
solo quedarnos ahí mirándonos como sufrimos.
No es fácil, eso está claro, pero se puede. Se puede
convivir con un trastorno de personalidad, teniendo siempre en cuenta que para
lograrlo hay que poner mucho de nuestra parte y por sobre todas las cosas, hay que querer
estar bien.